Consecuencias imprevistas

Titubeó un segundo. Quizás el segundo más trascendental de la historia del Sistema Solar.

Pensó en las consecuencias que tendría su acto si lo que defendían los detractores del proyecto llevaban razón. Pensó en sus seres queridos, desde sus hijas y su marido hasta las amigas del instituto. No se imaginaba, ni quería imaginarse, la repercusión de una acción tan inocente como introducir una orden en un ordenador.

Durante ese segundo eterno también le dió tiempo a evaluar los últimos acontecimientos. Las pruebas de funcionamiento limitado de los últimos meses indicaban que se cumplían todos los requisitos del protocolo de seguridad de la ONU. Incluso las pruebas de las últimas semanas no podían augurar mejores resultados.

Sin embargo, no todo eran buenas noticias. El suicidio colectivo de todos los integrantes del grupo detractor del proyecto no podía ocurrir en peor momento. De hecho, casi había conseguido paralizar la fase final del proceso, cuando iban a probarlo a máxima potencia.

Después de cada segundo siempre viene otro, atropellando a los anteriores. Esta vez no fue una excepción, aunque quizás en el futuro ya no ocurriera nunca más.

No sintió levantar el dedo índice del teclado. Ni sintió cómo el fin envolvía todo a su alrededor. En aproximadamente diez segundos el campo físico generado artificalmente cubría el planeta y avanzaba amenazadoramente hacia su sol.

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